CDMX/Maury Guzmán Chiomante

Los puntos de reunión fueron varios, pero todas las mujeres arrancamos desde La Angela hasta la explanada del Zócalo Capitalino; siendo un hermoso mar de mujeres (aproximadamente un poco más de 75 000).

El estruendo era maravilloso, te sentías empoderada, protegida y feliz; justo como deberíamos sentirnos siempre; es por ello que se le exige al Estado que se haga cargo de nuestra seguridad en las calles para que podamos salir sin miedo; seguridad y justicia.

Nos reunimos para denunciar la violencia de género que vivimos día con día, la desaparición de nuestras hermanas, para exigir justicia por las víctimas de feminicidio, para gritar que ya no se quiere tener miedo, no más.

Miedo, miedo a no llegar a casa, miedo de que no llegue mi madre, mi tía, mis hermanas o mi hija; miedo a que nos toquen en el metro nuestras nalgas, miedo de que me acosen, miedo de no poder denunciar al “tío” porque abuso de mi por el simple hecho de que es mi tío y nadie me va a creer, miedo a que nuestro jefe nos pida algo a cambio, miedo a no poder ir a trabajar porque mi hijo se enfermó  y no tener donde dejarlo, miedo a que el Gobierno quite las Instancias Infantiles de tiempo completo, miedo a ser madre y a enfrentarte al mundo sola o miedo a querer abortar y que no existan los medios seguros para hacerlo, miedo a que me discriminen por haber tomado la decisión de abortar, miedo de no poderme poner la ropa que yo quiera porque a un sujeto se le ocurrió eyacular en mi pierna, miedo de ser la siguiente, miedo a que no me crean y miedo a que no me escuchen.

Porque todas queremos ser escuchadas, queremos que la brecha salarial se rompa y que realmente exista justicia en todos los ámbitos, que se cumpla lo estipulado en la Ley Federal de Trabajo que menciona que a “Trabajo igual, salario igual”, que realmente podamos tener las mismas oportunidades desde nuestra concepción.

Necesitamos que todas las mujeres de todos los estratos y de todos los rincones del México se encuentren seguras, que sean escuchadas, visibilizadas y que todas tengan las mismas oportunidades.

Es tan hermoso contemplar y vivir la unificación de nosotras mismas, la sororidad que se vive, el amor que se siente, y el apoyo que te brindan.

Esperemos día a día trabajemos para ser más fuertes, para tejer redes de apoyo más grandes, más sólidas y mucho más fuertes.

Feliz día de la Mujer porque todas somos unas guerreras.